
⛪ Templo · Segovia
Monasterio de El Parral: la abadía cuyos libros acabaron en Dublín
Tras los saqueos napoleónicos y las desamortizaciones del siglo XIX, el patrimonio de este monasterio segoviano sufrió una insólita dispersión: parte de su biblioteca acabó en el Trinity College de Dublín, la verja de la capilla mayor se vendió como chatarra y un solo monje evitó su ruina total.
El desmantelamiento que sufrió el edificio en la década de 1830 repartió sus bienes por medio mundo. Mientras los libros viajaban a Irlanda, las estanterías se quedaron en la capilla de Viejos de Segovia. La sillería del coro se dividió entre el Museo Arqueológico Nacional y San Francisco el Grande, en Madrid; la tabla «La Fuente de la Gracia», de la escuela de Jan van Eyck, pasó al Museo del Prado, y su reliquia más preciada, un hueso de santo Tomás de Aquino, terminó en Ocaña. En 1839 se planteó demoler el recinto, pero la reclamación del duque de Frías y el trabajo en solitario de un monje, fray Julián Casado, salvaron el lugar.
Su origen también fue peculiar. Enrique IV de Castilla lo mandó construir en 1447, cuando aún era príncipe. Como no estaba bien visto que alguien que no fuera rey levantara edificios, lo hizo a nombre de su camarero mayor, Juan Pacheco, marqués de Villena, tras comprar una ermita y sus huertos por diez mil maravedíes. Aunque Enrique IV quería el espacio del retablo mayor para su propio enterramiento, el marqués de Villena se lo pidió para sepultarse allí junto a su esposa, María de Portocarrero.
Situado en la orilla derecha del río Eresma, junto a la antigua Casa de la Moneda y la iglesia de la Vera Cruz, el recinto articula sus edificios en torno a claustros de estilos gótico, mudéjar y plateresco. En los muros aún se ven los escudos del monarca y sus características ramas de granado. En el interior permanece el retablo mayor renacentista del siglo XVI —cuyo traslado a la catedral impidió la Academia de la Historia—, donde se venera la escultura románica de la Virgen del Parral.
Para contarlo después
- A finales del siglo XIX la Orden de San Jerónimo se quedó sin monjes, pero no se extinguió porque las leyes eclesiásticas exigen que pasen cien años.
- En 1553 se encargó al madrileño Diego de Urbina una cortina en grisalla con los pasos de la Pasión al natural para tapar el retablo en Semana Santa.
- Durante el abandono del siglo XIX, fray Julián Casado logró salvar en solitario el órgano del monasterio depositándolo en La Fuencisla.
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Ficha elaborada a partir del artículo «Monasterio de Santa María del Parral» de Wikipedia (CC BY-SA 4.0), con cada dato comprobado contra el artículo. Revisada el 19 de octubre de 2026. ¿Ves algún error? Escríbenos a hola@lugaresextraordinarios.com.
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Un monasterio de clausura de la Orden de San Jerónimo situado a extramuros de la ciudad de Segovia.
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