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Pueblos abandonados en la provincia de Huesca (página 2)
97 pueblos abandonados en la provincia de Huesca, 5 con leyenda: qué tienen de especial, su historia, su mapa y cómo visitarlos. Pueblos que se quedaron vacíos: por un embalse, una guerra, una epidemia o porque la gente se fue y no volvió.
Del 49 al 97
Sabiñánigo (Huesca)
Abellada
En las ruinas de Abellada, un pueblo de apenas tres casas en el Prepirineo oscense, la comunidad hippie conocida como Familia Arcoíris acampó sin permiso durante un mes en 2016. Volvió a hacerlo en 2025.
Sabiñánigo (Huesca)
Abenilla
En Abenilla, un pueblo abandonado en plena montaña oscense, una torre defensiva medieval de diecisiete metros sirvió de campanario hasta que su única puerta fue tapiada a finales de los años treinta. Sigue en pie junto a la iglesia.
Biescas (Huesca)
Ainielle
Cuando el último vecino abandonó Casa O Rufo en 1971, Ainielle quedó sin habitantes. La novela La lluvia amarilla, de Julio Llamazares, se ambienta en este pueblo, y la chimenea de esa casa lleva un espantabrujas con forma humana.
Sabiñánigo (Huesca)
Alavés
Alavés ya no figura en el censo, pero en su alto entre dos barrancos aún se levantan dos casas con detalles de arquitectura popular y una iglesia del siglo XVII que la maleza va cubriendo poco a poco.
Caldearenas (Huesca)
Artaso
Patrimonio Forestal del Estado compró el pueblo para repoblarlo con pinos y sus vecinos tuvieron que abandonarlo. Hoy nadie figura censado en Artaso, pero siguen en pie su iglesia de San Julián y un pozo bien conservado.
Sabiñánigo (Huesca)
Asqués
Asqués fue abandonado dos veces: la segunda, en los años cuarenta. Hoy su iglesia ha perdido el arco dovelado del acceso y el crismón románico, y la maquinaria maderera que recorre la zona acaba lo que empezó el abandono.
Sabiñánigo (Huesca)
Atós Alto
En el despoblado de Atós Alto, en plena Guarguera, la iglesia de la Asunción está en ruina avanzada. Entre sus muros sobreviven restos de pinturas murales de estilo popular, pintadas unas décadas después de levantarse el templo.
Sopeira (Huesca)
Aulet
Aulet fue un punto defensivo sobre una loma del valle del Noguera Ribagorzana, documentado ya en el año 851. Sus habitantes se marcharon del todo a finales de los años setenta por las obras del embalse de Escales, y hoy la hiedra cubre la torre de su iglesia.
Broto (Huesca)
Ayerbe de Broto
Ayerbe de Broto es un pueblo del Pirineo aragonés abandonado en los años setenta. Hoy no se puede entrar libremente: sus casas amenazan con derrumbarse y el paso está cerrado por una propiedad privada.
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Aínsa-Sobrarbe (Huesca)
Bagüeste
En lo alto de un cerro del Sobrarbe, un pueblo abandonado en los años sesenta guarda dos ángeles tallados en el dintel de una ventana del ábside y una ermita sin tejado cuyas paredes aún conservan pinturas.
Jaca (Huesca)
Bataraguá
Un documento de 1785 lo describe como un lugar deshabitado y en ruinas. A finales del siglo XIX alguien lo levantó de nuevo, iglesia incluida, y hoy vuelve a estar vacío, con un crismón románico en la puerta.
La Fueva (Huesca)
Bediello
En Bediello solo quedan dos casas con sus bordas y pajares. De otra gran vivienda, que con toda probabilidad fue la más acaudalada del pueblo, apenas se conservan los cimientos: el tejado se hundió.
Biescas (Huesca)
Berbusa
A sus vecinos se les conocía como «carboneros» por el carbón de buena calidad que vendían en Biescas, Sabiñánigo y el Valle de Tena. La Guerra Civil, con el frente de Bielsa cerca, dejó Berbusa dañado, sin luz y sin gente.
Sabiñánigo (Huesca)
Binueste
En Binueste todo gira alrededor de una sola calle, con la iglesia y las casas a ambos lados. Hoy el pueblo está abandonado, la iglesia no tiene techo y una puerta de Casa Alta conserva grabado el año 1883.
Torre la Ribera (Huesca)
Brallans
Brallans, a 1.380 metros de altura y bajo el tuçal del Faro, conserva las ruinas de una iglesia de San Julián, una fuente y una era. Su nombre remite, según Caro Baroja, a la villa de un tal Bradila, de nombre germano.
Graus (Huesca)
Brualla
Brualla, también llamada Aldea Mora, quedó vacía en los años sesenta y hoy se reduce a dos casas, una iglesia románica sin bóveda y una torre del siglo XVI cuya planta baja probablemente no tuvo puerta al exterior.
Benabarre (Huesca)
Cabestany
De la población de Cabestany sobreviven la ermita en cuyo altar se publicó, en 1091, el testamento de una castellana, y algunos muros del castillo que se alza sobre ella. Su nombre viene del latín y significa «cabeza del lago».
Graus (Huesca)
Cancer
Cancer, en la Ribagorza, figura en los documentos desde 1153 y llegó a tener ayuntamiento propio. Hoy es un despoblado: se abandonó cuando las aguas del embalse de Barasona, o de Joaquín Costa, lo anegaron.
Sabiñánigo (Huesca)
Cañardo
Cañardo se quedó sin vecinos en 1955, pero no del todo: en 2020 un descendiente de Casa Grasa regresó para montar una producción de trufas en los alrededores. Mientras tanto, la iglesia se ha ido cayendo y la casa grande ha perdido piezas por el expolio.
Graus (Huesca)
Castarlenas
Castarlenas quedó sin vecinos a comienzos de los años setenta, cuando se deshabitó la última casa, Casa Rosa. El pueblo fue comprado por la familia del expresidente del Comité Olímpico Internacional Juan Antonio Samaranch, que construyó una casa en terrenos cercanos y formó un coto de caza y de setas.
Fiscal (Huesca)
Castellar de Burgasé
Castellar de Burgasé quedó sin vecinos tras 1967, pero su iglesia de San Saturnino aún guarda restos de pintura mural en ocre y azul, con los atributos de dos santos en los muros de la cabecera.
Yebra de Basa (Huesca)
Cillas
En 1930 vivían en Cillas 142 personas. En 1963 los últimos vecinos abandonaron sus casas, después de que el pueblo se vendiera a Patrimonio Forestal del Estado. Hoy su iglesia y sus dos ermitas se vienen abajo.
Puente de Montañana (Huesca)
Colls
Bajo el altar de la ermita de San Pedro, en un pueblo que hoy nadie habita, aparecieron en 1978 un tejido del siglo XI con hilos de oro e inscripciones cúficas y varias lipsanotecas. Colls se despobló en 1965.
Yebra de Basa (Huesca)
Cortillas
Cortillas tuvo ayuntamiento propio y 225 habitantes en 1910. Recibió electricidad en 1951 y, a finales de los sesenta, cuando quedaban setenta y cinco vecinos, el pueblo se vació del todo.
Graus (Huesca)
Erdao
En Erdao ya no vive nadie, y la torre de su iglesia, de cuatro pisos, ha quedado tapada por la maleza. El pueblo, citado en el año 961, formó parte de la vanguardia de Ribagorza frente al califato omeya.
Fiscal (Huesca)
Espatella
Dentro de los restos de la iglesia de San Miguel, en un pueblo que quizá la peste negra dejó vacío, hay una caseta de pastores de un metro de altura levantada en el siglo XX con las piedras del propio templo.
Boltaña (Huesca)
Espierlo
En 1920 Espierlo llegó a contar con 24 habitantes; entre los años sesenta y setenta quedó deshabitado. Hoy el pueblo está en ruina parcial, cada vez más avanzada, y su iglesia de San Martín, del siglo XVII, tiene una espadaña de un solo ojo y un pórtico abovedado.
Sabiñánigo (Huesca)
Fenillosa
Dos casas, Oliván y Pinchán, regatearon durante seis años con el Estado el precio de su monte. Cuando por fin cerraron la venta, sus habitantes se marcharon a los pueblos de colonización y Fenillosa quedó vacío hacia 1960.
Sobrarbe (Huesca)
Fumanal
Sus vecinos ostentaron el título de infanzones, y en el pueblo existen todavía dos casas nobles: una con un blasón picado en la piedra de la entrada y otra con aspilleras defensivas. Hoy Fumanal está despoblado, en las faldas de la sierra de Muro de Roda.
Aínsa-Sobrarbe (Huesca)
Gabardilla
De Gabardilla quedan tres casas, un oratorio y una ermita solitaria en lo alto de un cerro. Cuando la aldea se despobló se apagaron también sus dos fiestas: la del santo, el 16 de junio, y la mayor, el 4 de septiembre.
Bonansa (Huesca)
Gabarret
Gabarret nunca pasó de tres viviendas y hoy no vive nadie en él, pero conserva una iglesia románica de principios del siglo XII y, a poca distancia, los restos de una ermita aún más antigua.
Fiscal (Huesca)
Giral
Todo Giral cabe en una única calle, la de San Ramón, que termina en una plazoleta con iglesia. Bajo el encalado de la bóveda de su templo del siglo XVI se conserva una pintura gris que imita sillares de piedra.
Sabiñánigo (Huesca)
Ibirque
Ibirque es el pueblo situado a mayor altitud de toda la Guarguera, y desde los años sesenta no vive nadie en él. Cerca queda un dolmen al que se conoce como la casa de las brujas.
Sabiñánigo (Huesca)
Jabarrella
De Jabarrella, abandonada en los años setenta, apenas quedan una casa en ruinas junto a la carretera, con una inscripción de 1692, y un muro de su iglesia. Aun así, dio nombre a un canal, un embalse y una central hidroeléctrica.
Jaca (Huesca)
Larrosa
En los años sesenta, Larrosa perdió sus casas y campos por una razón poco común: se expropió todo su término para repoblarlo de pinos y frenar los sedimentos que amenazaban con colmatar el embalse de Yesa. Vivían allí solo nueve personas.
Arén (Huesca)
Obís
Obís se organizaba en torno a una única calle, con la iglesia de San Juan en un lado, y se entra por un paso rocoso sobre el barranco o por un puente medieval de un solo ojo. Hoy está deshabitado, aunque algunas casas reciben a neorrurales de forma esporádica.
Bailo (Huesca)
Paternoy
Cuando Faustino y sus dos hijos dejaron Casa Colás en 1970, Paternoy se quedó sin vecinos. Veinticuatro años después, en agosto de 1994, el brasero mal apagado de un neorrural que ocupaba una casa desató un incendio de unas tres mil hectáreas.
Graus (Huesca)
Portaespana
Su nombre parece significar «puerta de Hispania» y recuerda los siglos en que aquí pasaba la frontera entre cristianos y musulmanes. Hoy es un pueblo vacío, con una iglesia a punto de derrumbarse y una casa con piedra de 1564.
Graus (Huesca)
Puycremat
Su nombre significa, según se traduce, «pueyo quemado», y su última casa cerró en los años cincuenta. En lo alto del cerro que vigila el Ésera sigue la ermita de Santa Clara, del siglo XII, expoliada y en riesgo inminente de ruina.
Beranuy (Huesca)
Raluy
Los monjes de Obarra lo levantaron de nuevo en pocos meses tras una incursión musulmana, en el año 1006. Casi mil años después no lo derribó ningún ejército: lo vació una empresa que quería plantar pinos en sus tierras.
Bisaurri (Huesca)
San Valero
Tres casas, un corral, un gran establo y una iglesia barroca en ruinas: San Valero, en plena Ribagorza, se quedó sin habitantes, pero todavía conserva dos de sus casas en buen estado y la torre de su templo.
Sabiñánigo (Huesca)
Sandiás
En Sandiás, hoy despoblado, los habitantes de Casa Blasco debían hacerse cargo de los niños de madres solteras muertas en el parto. A cambio, representaban a todo el valle en la procesión de Santa Orosia.
Arén (Huesca)
Santa Eulalia
Dos casas grandes y bajas, con sus bordas, pajares y corrales, resisten en ruinas sobre un espolón rocoso desde el que se vigilaba la zona. El nombre del pueblo ya figuraba en un documento del año 987.
Yebra de Basa (Huesca)
Sasa de Sobrepuerto
En Sasa de Sobrepuerto la torre de la iglesia se derrumbó sobre el ábside, y el pueblo quedó deshabitado en 1965, tras el cierre de Casa Ramón. Todavía se conserva una casa fuerte del siglo XVI.
Sabiñánigo (Huesca)
Secorún
Sus vecinos eran famosos por tocar la gaita de boto y hasta dieron nombre a un dicho para quien presume ante quien sabe más. Hoy Secorún está vacío, con la hiedra amenazando el campanario de su iglesia.
Arén (Huesca)
Treserra
En 1900 las siete casas de Treserra tenían la puerta abierta. Medio siglo después quedaban seis, y en 1980 ya no vivía nadie en ninguna. Hoy es una aldea dispersa de la Ribagorza que conserva su iglesia románica.
Sabiñánigo (Huesca)
Villacampa
Un pueblo que en 1930 tenía dieciocho vecinos fue abandonado en los años cincuenta y cubierto de pinos. Hoy solo quedan dos casas y una torre medieval que se reutilizó como campanario.
Sabiñánigo (Huesca)
Villobas
Su nombre vendría de la cizaña, una planta muy común en su término. En 1920 tenía treinta y tres vecinos y en los setenta quedó vacío; hoy sigue en pie una iglesia apartada y una casa que sus dueños visitan con regularidad.
Jaca (Huesca)
Yosa de Garcipollera
Sus vecinos regatearon durante cinco años con el Patrimonio Forestal del Estado y acabaron vendiendo el pueblo entero, con sus 430 hectáreas, por miedo a quedarse sin margen de negociación. Hoy Yosa de Garcipollera está vacío.